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Leydy Viviana Mojica: liderazgo femenino para romper techos de cristal en Colombia

Hablar de liderazgo femenino en Colombia es hablar de talento, preparación y oportunidades. También es reconocer las barreras que todavía encuentran las mujeres para participar en las decisiones, acceder a cargos de dirección y desarrollar sus proyectos de vida.

Como mujer, abogada y directiva, considero que ocupar una posición de liderazgo implica una responsabilidad: hacer bien nuestro trabajo y contribuir a que otras mujeres encuentren oportunidades para avanzar.

El valor de llegar también está en las puertas que podemos abrir.

¿Qué significa romper los techos de cristal?

Los techos de cristal son barreras que limitan el crecimiento profesional de las mujeres, aunque tengan la formación, la experiencia y las capacidades necesarias para asumir mayores responsabilidades.

A veces se manifiestan en una promoción que nunca llega. Otras, en prejuicios sobre quién puede dirigir, en la exclusión de espacios de decisión o en la expectativa de que una mujer deba demostrar permanentemente su capacidad.

Romper esas barreras exige revisar cómo seleccionamos, evaluamos y promovemos el talento. También implica preguntarnos si las oportunidades de formación, los proyectos estratégicos y los espacios de participación están realmente abiertos para todas.

La preparación necesita oportunidades para convertirse en liderazgo

Creo profundamente en la educación como una herramienta para construir autonomía. Estudiar amplía nuestra perspectiva, fortalece nuestras capacidades y nos permite participar con mayor confianza en las decisiones.

Pero la preparación debe encontrar entornos que reconozcan el mérito. Una mujer puede tener una trayectoria sólida y seguir enfrentando obstáculos para acceder a una entrevista, liderar un equipo o recibir reconocimiento por sus resultados.

Por eso, impulsar el liderazgo femenino requiere actuar sobre ambos frentes: fortalecer las capacidades de las mujeres y mejorar las condiciones para que puedan ejercerlas.

Un liderazgo que escucha, decide y construye confianza

El liderazgo femenino puede expresarse de muchas maneras. Cada mujer tiene una historia, un carácter y una forma propia de dirigir. Ninguna debería sentir que necesita ajustarse a un único modelo para ser reconocida como líder.

En mi manera de entender la dirección, escuchar permite tomar decisiones mejor informadas. Dialogar ayuda a construir acuerdos. Y actuar con claridad y responsabilidad fortalece la confianza de los equipos.

También debemos poder ejercer la autoridad, expresar diferencias y tomar decisiones difíciles sin que nuestra capacidad sea juzgada a partir de estereotipos.

Una mujer debe tener espacio para liderar con criterio propio y ser evaluada por su trabajo.

El liderazgo femenino también se construye en los territorios

Cuando pensamos en mujeres líderes, debemos mirar más allá de los cargos directivos. Hay liderazgo en una emprendedora que genera empleo, en una instructora que acompaña a sus aprendices y en una mujer rural que organiza a su comunidad.

Colombia necesita reconocer esas experiencias y crear conexiones para que puedan crecer.

Desde mi responsabilidad en la Dirección de Promoción y Relaciones Corporativas del SENA, considero fundamental escuchar las aspiraciones de las mujeres y contribuir a construir alianzas que acerquen la formación a las oportunidades de empleo, emprendimiento y desarrollo.

Una alianza adquiere valor cuando ayuda a una mujer a aplicar lo aprendido, fortalecer su proyecto o encontrar nuevos caminos para su autonomía.

¿Cómo podemos abrir camino a más mujeres?

Esta transformación requiere decisiones concretas en las empresas, las entidades públicas y los espacios educativos:

  • Reconocer el mérito: establecer criterios claros para seleccionar y promover el talento.
  • Dar oportunidades de dirección: confiar a las mujeres proyectos, equipos y responsabilidades con capacidad real de decisión.
  • Impulsar la formación y la mentoría: compartir conocimientos, orientar y facilitar redes profesionales.
  • Reconocer las responsabilidades de cuidado: promover condiciones que permitan compatibilizar la vida laboral y personal, sin asumir que cuidar corresponde únicamente a las mujeres.
  • Escuchar distintas experiencias: incluir las voces de mujeres de diversas regiones, edades y contextos.

Estas acciones deben reflejarse en las prácticas cotidianas de las organizaciones y en las oportunidades que ofrecen.

Que las próximas generaciones encuentren más puertas abiertas

Me gustaría que cada niña y cada joven pudiera imaginar su futuro sin descartar un camino por el hecho de ser mujer. Que pudiera verse dirigiendo una empresa, desarrollando tecnología, liderando una institución o haciendo crecer un proyecto en su territorio.

A quienes hoy tenemos responsabilidades de liderazgo nos corresponde contribuir a ese futuro: reconocer el talento, compartir lo aprendido y acompañar el crecimiento de otras mujeres.

Romper un techo de cristal cobra un sentido mayor cuando el camino queda abierto para quienes vienen detrás.